El coleccionista de piedras
En un pueblo no muy lejano vivía Ruperto, un hombre aunque soñador, era más bien huraño , gustaba probar su suerte en la taberna del pueblo, él jugaba, bebía e intercambiaba enseres y proezas con la gente que allí frecuentaba. En sus ratos libres solía coleccionar piedras y cosas que recogía en las calles, muchas les servían para venderlas o cambiarlas entre sus pares por monedas o especies.
Antes de bajar al pueblo, solía recorrer las calles, en sus paseos diarios, recogía piedras de diferentes tonos y tamaños. Un día, encontró varias , más una le llamó su atención, aunque se veía opaca brillaba sobre el resto. Así, la echó a su morral y se fue como todos los días a la taberna del pueblo.
Al llegar a su casa, sacó todo lo recogido, entre otras, colocó entre sus pertenencias la piedra que parecía diferente.
Con el correr de los años, aún seguía recogiendo piedras y diversos cachivaches los cuales vendía, intercambiaba y apostaba, pues mantenía en sí, la férrea esperanza de encontrar en sus paseos un tesoro que cambiara su suerte.
Una tarde, después de su rutina en la taberna, golpearon su puerta. Era un mercader que venía desde lejos, sediento le pidió un vaso con agua. Ruperto amablemente lo invitó a su morada. Ofreciéndole además pan y conversación.
El mercader agradecido por la hospitalidad, le preguntó acerca de la gran colección de piedras que tenía y le obsequió una tela que había adquirido en sus viajes, Ruperto amablemente lo invitó a verla, el Mercade, de esta manera se acercó sin titubear a observar si había allí algo de interés, pues la casa estaba repleta, de esta forma, le dijo que le gustaba esa piedra que parecía diferente…
-Esa es sólo una piedra que recogí cerca de un río, hay muchas iguales, tengo muchísimas , si te gusta te la puedo obsequiar, como no es de gran valor, no sé cuanto podrías darme por ella. -contestó
Te daré diez monedas de oro, le dijo el Mercader
Ruperto se sintió muy feliz por ello. -Con diez monedas puedo hacer muchas apuestas y por fin ganar el tesoro que tanto anhelo ganar…-pensó.
El Mercader cuya fama de hombre esforzado y sabio, desconocía Ruperto. Siguió su travesía por los diferentes pueblos. En su camino, fue adquiriendo cosas y experiencias que le servían para aprender de ello. Así, de todas las que había recogido en su viaje, tomó esa extraña piedra, comenzó a pulirla con esmero y paciencia, desde el fondo, prístinos rayos iban apareciendo y brillando cada vez más, hasta que finalmente descubrió un tesoro sin igual.

Era un extraño y poderoso diamante, del cual mandó a hacer un hermoso anillo , éste lo hizo el hombre más rico y afortunado del mundo. En sus viajes lo mostraba con mucho orgullo. Su fama de rico mercader se extendió rápidamente. Siempre recordó a aquél coleccionista de piedras que prácticamente le obsequió el tesoro, que paradójicamente el coleccionista siempre estuvo buscando...qué habrá sido de él?