El Valor, tarot de Osho Zen
La carta número 8 en el tarot de Osho Zen, difiere bastante a los significados e ilustraciones tradicionales dados por el tarot de Marsella y Rider Waite ( que trastoca con el arcano La Fuerza), la dirección que enfoca este arcano de alguna forma, recoge el significado final, aunque absolutamente diferente de interpretar. Se podría decir, que el sentido de Justicia y Fuerza son aunados con un matiz interior profundo.
Entre el cemento, en medio de duras rocas, se divisa una bella y colorida flor, ...pero.... si se fijan en sus colores, sus matices, si se pudiese sentir su aroma; así , solamente con contemplarla y maravillarse con la simpleza y grandeza de esta creación. Podríamos descubrir que ella fue una semilla que fue plantada en esa tierra que parecía infértil, pero que creció a pesar del clima inhóspito, donde debió soportar desde sequías hasta copiosas lluvias que hicieron dudar su desarrollo.
Sin embargo, esa flor que surgió de esa semilla, no es producto de la casualidad, no está ahí porque sí, ella nació para ser flor, su información se encontraba impresa en su ser.
¿Cuánto debió haber pasado para ser lo que era ?...ahora no importa, ¿cuántas hojas fueron arrancadas de su ser y cuántas veces su tallo fue desviado antes de ser enderezado y mostrar finalmente su plenitud ?...tampoco importa. Su belleza podría haber sido apreciada primeramente al verla rodeada de hermosos paisajes y al lado de flores como ella. Pero, su majestuosidad y luz hoy, se aprecia mejor en medio de la oscuridad y sencillez.
Reflexión
Como quiera que sea, todos y cada uno de nosotros, llevamos esa flor dentro nuestro. A veces somos plantadas en fecundas tierras y otras veces, por el contrario, en áridos parajes. Muchas veces, tenemos quien nos cuide, nos riegue, nos mime y proteja del frío. Otras veces, las inclemencias de tiempo, la falta de luz y el desamor hace que esa flor no brote, que se oculte dentro de una gélida y tosca apariencia.
Pero siempre habrá un Sol que nos ilumine, que logrará el milagro que esa flor se manifieste y luzca su real belleza. Será única, maravillosa, irrepetible, brillante, aromática, tendrá miles de características propias y también tendrá características comunes a su naturaleza.
Nuestra esencia permanece en esta flor que se mantiene irradiando, mutando, desarrollándose para ser finalmente ...quien debe ser.