La envidia, una declaración de inferioridad.
Que maravilloso es el don que tenemos cada uno de los seres humanos que habitamos y compartimos este mundo, existe tanta disparidad en él y sin embargo, todos tenemos algo que aportar.
Extraje este titulo ( la frase pertenece a Napoleón Bonaparte) que me pareció muy asertivo, al momento del que soy partícipe de ciertas vivencias que me parecieron acordes a comentar.
Cada vez que logramos avanzar un paso, sea muy pequeño, pequeño, grande, muy grande o apoteósico, aparece una sombra encargada de tender a opacar el brillo de quienes han progresado. Es la llamada envidia, mezquino sentimiento cuya finalidad es fragmentar y desunir lo bueno que existe. No hay "envidia sana", "bromas" ni "sentimientos justicieros", como podrían justificar quienes la padecen. Si pudiera verse fácilmente, sería como si el aura del que siente envidia, se encrispara y disparase rayos, (no verdes, como dice erróneamente el dicho) sino de un densa capa oscura y opaca. Y claro, afecta a quienes de una u otra forma, recorren la vida inofensivamente felices, después de un merecido logro, (el que no está exento de esfuerzos, aunque se pueda creer lo contrario). Este sentimiento tan egoísta, propio de inseguridades, ego desmedido y afán de competitividad, por cierto que afecta a quien lo padece, aunque no se tenga conciencia de ello.
Como lo comenté una vez, fue en este recorrido espiritual que encontré los egos mas grandes que he conocido y a veces es difícil reconocer qué se esconde detrás, de una cara "aparentemente bonita".
Hace un tiempo me llegó un mail, de los tantos que recibo, algunos no los abro, para ser sincera, sin embargo, éste lo abrí; hoy lo comparto, es la famosa fábula de la serpiente y la luciérnaga.
Cuenta la leyenda que una vez una serpiente comenzó a perseguir a una luciérnaga.
La luciérnaga huia rápido con mucho miedo de la feroz depredadora, y la serpiente no pensaba desistir. Pasaron días, y la serpiente seguía persiguiéndola. Después de varios dias , ya sin fuerzas, la luciérnaga se enfrentó y dijo a la serpiente:
- ¿Puedo hacerte una pregunta?
- No he tenido este precedente con nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar...
- ¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
- No
- ¿Yo te hice algún mal?
- No
- Entonces, ¿Porqué quieres acabar conmigo?
- Porque no soporto verte brillar...
En nuestros corazones se alberga una fortaleza para alejarnos de este mal, más que palabras, es la actitud y postura que poseemos para nutrirnos de la belleza que nos rodea, siendo protagonistas de nuestra propia historia y así, avanzar juntos por nuestro propio esfuerzo y holgura. Todos albergamos luciérnagas en nuestra esencia, si la descubres podrás destruír la serpiente.
Agradezco con mucho amor a quien en mi camino me ha ayudado a comprender y discernir, mi Maestro Francisco Rojas, Agni y le brindo amor y deseos de sabiduría y prosperidad.